[Boletín ocasional del Partido Comunista de Nepal (Maoísta)]
No. 11, enero de 2006
Aunque no cambia la esencia de la clase capitalista, en el curso del desarrollo el imperialismo va adquiriendo nuevos contornos y formas. La principal particularidad del imperialismo de hoy es la explotación y opresión económica, política, cultural y militar de las grandes masas populares del mundo mediante un Estado globalizado. El mundo caracterizado por la ola de movimientos de liberación nacional, democráticos y socialistas tras la Segunda Guerra Mundial, de un lado, y, del otro lado, por la rivalidad entre los imperialistas durante la guerra fría, hoy está atrapado bajo la hegemonía única del imperialismo estadounidense.
Debido a la derrota de los Estados socialistas y de nueva democracia que se desarrollaron en el curso de la primera ola de la revolución proletaria mundial en la lucha por el poder contra el capitalismo burocrático de Estado, al establecimiento de la superioridad económica sin paralelo y principalmente a la superioridad militar del imperialismo estadounidense sobre los demás países imperialistas grandes, al control del capital financiero multinacional sobre el capital y economías nacionales de los países del tercer mundo y a la intensificación de intervención cultural mundial por medio del monopolio de la tecnología de la informática, etc., se ha fortalecido esta hegemonía.
Como consecuencia de esta forma de Estado globalizado del imperialismo estadounidense, se han debilitado en el mundo los valores, normas, métodos, reglas y estructuras desde la Segunda Guerra Mundial. Después del 11 de septiembre de 2001 [11-S], el imperialismo estadounidense declaró la guerra franca basada en la ideología con la ominosa advertencia “o están con nosotros o están en contra” a toda nación o grupo. A pesar de las protestas mundiales, es claro que esta advertencia se impone mediante la fascista intervención en Afganistán e Irak y la amenaza general contra cualquier movimiento político o país conforme a sus propios intereses nacionales o convicciones ideológicas fundamentales.
En esencia, esta forma fascista del imperialismo estadounidense se ha erigido sobre la base de una fuerte crisis ideológica. Al romper con varios valores burgueses vigentes hasta los años 1970 y al azuzar una ceguera religiosa fanática, los cabecillas imperialistas y sus secuaces intentan gobernar hoy. Su necesidad de gobernar con una ideología medieval ciega en un tiempo en que la ciencia ha adquirido un desarrollo general en el siglo 21 y la declaración de la llamada cruzada contra el llamado terrorismo por George Bush revelan claramente la profundidad de la crisis ideológica del imperialismo. Por esta razón histórica, el imperialismo ha chocado vilmente contra las aspiraciones progresistas y científicas de la humanidad de hoy.
Si bien se pregona esta nueva forma de imperialismo globalizado como una nueva era del progreso de la humanidad, los innumerables hechos, experiencias y prácticas prueban que no es sino una nueva forma, desnuda y vil, de colonización. Al intensificar el proceso de un puñado de capitalistas que se convierten en multimillonarios y los miles de millones de seres que han caído en la pobreza desde los años 1990, las estadísticas del Banco Mundo ponen en claro esta espantosa brecha entre rico y pobre. Hoy, el nivel de vida de 1,6 mil millones de personas ha caído cualitativamente desde los años 1990. A diario mueren 30 mil niños de enfermedades prevenibles. Más de 800 millones de personas padecen desnutrición y dos tercios de ellas jamás cumplirán los 40 años de edad. Ni hablar de la educación, pues 250 millones de niños del tercer mundo tienen que trabajar como niño-esclavos por apenas dos comidas al día. A diario, se obliga a decenas de miles de jóvenas a prostituirse. Cientos de millones de jóvenes sin trabajo recorren el mercado de trabajo globalizado como esclavos modernos en busca de sustento. Así, el nuevo orden mundial imperialista de privatización, liberalismo y globalización justifica la intensificación del proceso de freír a la gran mayoría de las masas del mundo en una sola cazuela de barro.
Otro aspecto importante que hay que reconocer es que el Estado globalizado del imperialismo estadounidense, que se ha desarrollado asentando bases militares en 140 países, ha hecho cualitativamente necesaria y posible la resistencia y rebelión en el mundo. Hoy, cualquier movimiento de liberación nacional, democrático o socialista no tendrá éxito en ningún país del mundo si no se desarrolla como parte inseparable de la resistencia de los pueblos del mundo. En ningún momento de la historia ha estado tan madura la situación objetiva en tantas partes como hoy para la aplicación práctica del gran principio proletario del internacionalismo. Las masas de los Estados Unidos de Norteamérica y aquellas de todos los continentes del mundo son víctimas de la misma clase de explotación, opresión y agresión imperialista globalizada. De la resistencia que se desarrolla en Irak, como un nuevo Vietnam, y Afganistán a los movimientos revolucionarios de Nepal, India, Perú, Turquía y las Filipinas, a las protestas y descontento de las masas populares de los Estados Unidos y Europa, el imperialismo estadounidense y sus agentes, los gobiernos lacayos, son el enemigo común de las masas de todas partes.
En el sur de Asia se intensifican los movimientos de liberación y democráticos revolucionarios contra las clases dominantes indias expansionistas que se han arrodillado ante el imperialismo estadounidense. En este contexto es importante señalar la formación de Partido Comunista de la India (Maoísta) mediante la unificación de dos importantes partidos que llevan años dirigiendo guerras populares. También es importante tomar en cuenta la agudización de la contradicción entre la monarquía autocrática feudal nepalesa y las clases dominantes indias. Los gobernantes capitalistas revisionistas chinos que han impulsado el crecimiento económico entregando su mercado al imperialismo estadounidense están expandiendo con astucia su influencia en el sur de Asia.
La citada situación objetiva evidencia la maduración del ambiente material en que se puede establecer un nuevo orden mundial socialista de los pueblos destruyendo completamente el orden mundial imperialista. No obstante, por crítica que sea la situación objetiva, el imperialismo no se derrumbará espontáneamente ni por su cuenta. Por ello, con una dirección científica ideológica, es imperativo luchar con conciencia y usar la fuerza. La historia ha probado el hecho científico de que no es posible tener tal dirección de ninguna otra clase, comunidad o ideología salvo la de la clase proletaria internacional y su ideología revolucionaria. Pero, en la presente situación de transición, en que se terminó la primera ola de la revolución proletaria mundial en el siglo 20 y una nueva ola se perfila en el horizonte, el movimiento proletario tiene el reto de desarrollar su ideología. El problema de la dirección del movimiento proletario mundial está vinculado indesligablemente a este reto.
Los revolucionarios internacionalistas del siglo 21 deben estar muy conscientes de que ya no bastan los análisis que hicieron Lenin y Mao acerca del imperialismo y varios conceptos que desarrollaron sobre esa base acerca de la estrategia proletaria. Tras la Segunda Guerra Mundial, la rivalidad entre los imperialistas y el análisis de Lenin acerca de la naturaleza de la guerra que continúa entre ellos para repartir y repartir de nuevo una parte del mundo y la estrategia proletaria construida sobre esa base; y después de la guerra fría, el análisis de la situación que Mao hizo acerca de los tres mundos (si bien sólo en un sentido táctico), en líneas generales ya no se aplican hoy. La situación del imperialismo estadounidense, que avanza como Estado globalizado, implica que ya no son suficientes los análisis de Lenin y Mao, al igual que el desarrollo del imperialismo en el tiempo de Lenin hizo que no fueran suficientes el análisis y estrategia de Marx, basados en su análisis del capitalismo, de que la revolución se diera primero y simultáneamente en los países desarrollados europeos. Éste es el principal deslinde para desarrollar el marxismo-leninismo-maoísmo [MLM] en el siglo 21 y para determinar la nueva estrategia proletaria. Sin prestar atención a este problema, no es posible abordar los retos de la revolución mundial de hoy.
No obstante, eso no quiere decir que ya no existe la contradicción entre las potencias imperialistas y las camarillas reaccionarias. Esta contradicción definitivamente existe y existirá, y el proletariado debe prestarle atención. Sin embargo, la contradicción que determina lo que pasa en el mundo de hoy no es ésta sino el imperialismo estadounidense, de un lado, y la lucha mundial en su contra, del otro. La necesidad de desarrollar el concepto de la confederación soviética del sur de Asia en el siglo 21 y el concepto de una confederación mundial y de emprender bajo su mando movimientos de liberación nacional, democráticos y socialistas de todos los países es muy urgente hoy.
Después de la muerte del camarada Mao y de la restauración del capitalismo en China, el movimiento comunista internacional, de un lado, principalmente cayó presa de diversas formas de revisionismo de derecha y, del otro, del dogmatismo mecánico, que alababa con palabras huecas cosas y experiencias del pasado. Aun hoy es necesario luchar contra estas tendencias en el movimiento comunista internacional e impulsar el desarrollo global del MLM. Es claro que sólo es posible desarrollarlo aplicando el arma científica del materialismo dialéctico. Es necesario captar que el materialismo dialéctico es un medio con que desarrollar constantemente la ideología proletaria contra el pluralismo burgués y el dogmato-revisionismo.
El Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI), que se formó con el propósito de defender, aplicar y desarrollar los principios básicos del MLM, ha jugado un importante papel ideológico. Pero, es necesario emprender un extenso estudio, debate y lucha para que el MLM llegue a tener el papel de verdadera dirección de la revolución mundial y que se desarrolle al nivel de una nueva internacional comunista capaz de abordar los retos del siglo 21.
Al captar firmemente la realidad de que son mayores la necesidad, posibilidad e importancia del movimiento internacional en la situación específica del actual imperialismo mundial, nuestro glorioso partido, el PCN (Maoísta), como partido que ha dirigido con éxito diez años la guerra popular, tiene un gran deber de desarrollar la ideología y el movimiento comunista internacional. Al aceptar la realidad de que anteriormente el papel internacional de nuestro partido ha sido débil en comparación con la necesidad, hoy es necesario aumentar nuestra iniciativa en esa dirección. Al captar la realidad de que no se puede desligar el futuro de la revolución nepalesa del desarrollo del movimiento internacional, el partido debe desarrollar un plan concreto de trabajo.


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