Jose Diaz
( Artículo publicado en "Correspondencia Internacional", 10 de Abril de 1936 )
El artífice del Frente Popular y, por consiguiente, el organizador del triunfo electoral de las fuerzas de izquierda, ha sido el Partido Comunista. El Partido Comunista ha sido y sigue siendo el campeón más incansable en la lucha por la unidad proletaria, por la unidad de acción de las masas obreras y masas antifascistas y el organizador de las futuras y próximas victorias decisivas del proletariado y de los campesinos españoles.
Nuestro Partido Comunista, aunque se desarrolla y crece rápidamente, no es aún, numérica y orgánicamente, la fuerza decisiva del proletariado español, pero política e ideológicamente constituye la fuerza orientadora de todo el movimiento revolucionario de nuestro país. Y nuestro Partido Comunista no sólo ejerce su influencia sobre las masas obreras sin partido y los obreros socialistas de base, sino incluso sobre sus dirigentes. Es la justa política de nuestro Partido la que obliga a los dirigentes reformistas y centristas del Partido Socialista a batirse en retirada y la que ayuda y empuja cada vez más a los dirigentes del ala izquierda de dicho Partido a adoptar posiciones revolucionarias y a pronunciarse cada vez más c1aramente por las soluciones revolucionarias de las necesidades actuales de la clase obrera de España y por los métodos revolucionarios para obtenerlas. También en España "los comunistas -como decía el camarada Dimitrof en el VII Congreso de la I.C.-, aunque numéricamente sean pocos, son el motor de la actividad combativa del proletariado".
Luchando por el Frente Único de la clase obrera y el triunfo del Frente Popular.
Ya a fines del año 1934, poco después del movimiento insurreccional de octubre, cuando la sangre de nuestros hermanos caídos en Asturias estaba aún caliente, cuando la pena de muerte se cernía sobre las cabezas de centenares de nuestros mejores combatientes de toda España, nuestro Partido, después de hacer un análisis de las experiencias de octubre y de la situación de la clase obrera y de las masas trabajadoras de España, planteó y puso en el centro de sus actividades y como tarea inmediata para los obreros y antifascistas españoles la lucha por la unidad de la clase obrera y su ligazón con todas las masas antifascistas. En una serie de documentos y cartas dirigidas a la Comisión Ejecutiva del Partido Socialista Obrero español y, más tarde, en abril de 1935, en una carta abierta dirigida "A los obreros socialistas, comunistas, anarquistas y sindicalistas de España, de Cataluña, de Euskadi, de Galicia y de Marruecos", suscrita por el Partido Comunista de España y por nuestros partidos hermanos de Francia y de
Italia, nuestro Partido resumía las tareas del momento en los siguientes términos:
"La creación de las Alianzas Obreras y Campesinas como base de la unidad revolucionaria de las masas en la lucha por el Poder está planteada actualmente por los comunistas en el centro de su acción política. Los comunistas declaran que el frente de la revolución debe, al mismo tiempo, abarcar todos los elementos que, no encontrando lugar en las Alianzas Obreras y Campesinas, estén prestos, sin embargo, a luchar efectivamente por cerrar el camino a la contrarrevolución fascista. Es necesario, pues, crear, en unión de esos elementos, un amplio Frente Popular Antifascista, cuyo objetivo principal sea, no solamente la lucha por la liberación de los presos políticos, por la restauración de todas las libertades, democráticas, por dar la tierra a los campesinos y por la liberación de las nacionalidades oprimidas, .sino también por la instauración de un Gobierno provisional revolucionario que, apoyándose sobre las Alianzas Obreras y Campesinas, desarrollándolas, rompa las bases de la contrarrevolución fascista, encarcele a los jefes fascistas, disuelva sus organizaciones y abra el camino para el desarrollo ulterior de la revolución."
Como consigna inmediata, nuestro Partido planteó a las masas la lucha por la disolución de las Cortes de la contrarrevolución y la convocatoria de nuevas elecciones, amplias y democráticas.
Por todos los medios posibles, en millares y millares de manifiestos clandestinos, octavillas, periódicos, en mítines ilegales, en mítines obreros, en conversaciones con los trabajadores en fábricas y talleres, etc., nuestro Partido divulgó su posición y orientó a las masas en su lucha diaria. En todas las provincias de España, las organizaciones de nuestro Partido desarrollaron una labor formidable y múltiple para reconstituir las Alianzas Obreras y Campesinas destruidas durante el movimiento de octubre para crearlas allí donde aún no existían; un trabajo enorme para la creación de un Bloque Popular Antifascista. Como resultado de este trabajo, continuo y tenaz, nuestro Partido y sus organizaciones provinciales y locales han conseguido ligarse estrechamente a los obreros socialistas y anarquistas, a las organizaciones locales y provinciales del Partido Socialista, y establecer contacto con los republicanos de izquierda y demás elementos antifascistas. .
En muchas provincias de España, las Alianzas Obreras y Campesinas, aunque con grandes deficiencias y debilidades, empezaron a funcionar y jugaron un papel importante en las diversas campañas de agitación Y en las movilizaciones obreras contra el terror y las penas, de muerte, así como en las luchas diarias de los obreros. También se formó la Concentración Popular Antifascista, compuesta por el partido Comunista, diversas organizaciones obreras y algunos partidos republicanos de izquierda, no participando en ella, sin embargo, el Partido Socialista en el plano nacional, pero sí, en cambio, algunas agrupaciones socialistas provinciales y locales en el plano provincial y local.
Y, cuando en el mes de junio de 1935, el Gobierno Lerroux-Gil Robles, bajo la presión de las masas, se vio obligado a levantar el estado, de guerra y a dejar un poco de legalidad relativa a las organizaciones obreras, nuestro Partido organizó en Madrid el primer mitin legal, en el cual fijó nuevamente su posición clara frente a la situación del país, propugnando por la creación de un amplio bloque de todas las fuerzas obreras y antifascistas para hacer frente a la reacción y para luchar por las libertades democráticas y por la disolución de las Cortes de la contrarrevolución, En dicho mitin, celebrado el 2 de junio, el Secretario General del Partido Comunista dijo lo siguiente:
"Nosotros, Partido Comunista, luchamos y lucharemos siempre por la realización de nuestro programa máximo, por la implantación del Gobierno Obrero y Campesino en España, por la dictadura del proletariado en nuestro país. Pero, en estos momentos de grave peligro que amenaza a los trabajadores, con el fascismo dueño de los resortes principales del Estado, declaramos que estamos dispuestos a luchar unidos con todas las fuerzas antifascistas sobre la base de un programa mínimo de obligatorio cumplimiento para cuantos entren en la Concentración Popular Antifascista."
La posición de nuestro Partido ha sido, pues, desde un principio y durante todo el tiempo, clara y definida: la organización de una amplia red de Alianzas Obreras y Campesinas en los lugares de trabajo, en los pueblos y aldeas, como expresión y como órgano del Frente Único de los obreros y campesinos, y en torno a estas Alianzas un amplio Bloque Popular de todos los elementos que verdaderamente estén dispuestos a luchar contra el fascismo y la reacción y por las libertades democráticas del pueblo trabajador.
Nuestra posición y nuestras consignas fueron comprendidas y bien acogidas por las masas obreras. Por encima de la voluntad y a pesar de la resistencia de la dirección nacional del Partido Socialista, las Alianzas Obreras y Campesinas se desarrollaron; en todas las regiones de España se formaron organismos de enlace entre las organizaciones comunistas y socialistas y se entablaron conversaciones con los elementos republicanos y antifascistas. La masa obrera y antifascista comprendió las consignas de nuestro Partido, pero no así la dirección del Partido Socialista. Nuestras cartas dirigidas a la. Comisión Ejecutiva Nacional del Partido Socialista, quedaron en su mayor parte sin contestación, y nuestras proposiciones fueron sistemáticamente rechazadas. La Comisión Ejecutiva nacional del Partido Socialista se limitó a la formación de un Comité de Enlace entre el Partido Comunista y el Partido Socialista, pero rechazando todas las propuestas de nuestros representantes en dicho Comité, encaminadas a desarrollar una verdadera acción y lucha de masas. La posición de los dirigentes socialistas, tanto los del ala reformista y centrista como los de la izquierda, fue completamente negativa y opuesta a la formación y desarrollo de las Alianzas Obreras y Campesinas y del Frente Popular Antifascista, como un amplio frente de lucha.
Las dos posiciones de la dirección del Partido Socialista.
Los dirigentes reformistas del Partido Socialista, que eran contrarios a la revolución y a la dictadura del proletariado, como único medio de derrocar el régimen capitalista, y que eran también contrarios al Frente Único y a la unidad de acción de los obreros socialistas y comunistas, se opusieron terminantemente a la constitución de las Alianzas Obreras y Campesinas, que significan el Frente Único de todos los obreros, sin distinción de Partido. En cuanto al Frente Popular, los derechistas y centristas lo consideraban necesario, pero no como un frente de lucha contra el fascismo, sino como una segunda edición del "Pacto de San Sebastián"; es decir, como un bloque de los partidos obreros y republicanos de izquierda cuya dirección debía estar en manos de los republicanos, por tratarse de una revolución democrático-burguesa; y en el que los partidos obreros debían ayudar a los republicanos a llegar al Poder. ¡Nada de hegemonías de las fuerzas proletarias en el Frente Popular, nada de contenido revolucionario de dicho Frente!
También la posición de los dirigentes izquierdistas del Partido Socialista, en su mayor parte, fue en un principio opuesta a las Alianzas Obreras y al Frente Popular. Los izquierdistas consideraban a las Alianzas Obreras como órganos de insurrección únicamente, y como el momento de la insurrección (octubre) ya había pasado, las Alianzas, -decían- no tenían ya ninguna misión que cumplir, y por tanto, no se las debía fomentar. Su posición con respecto a las Alianzas Obreras y Campesinas era la consecuencia y la continuación lógica de su posición de antes de octubre de 1934 y de su concepto falso de las fuerzas de la revolución, del carácter de la revolución en España y de los órganos de dicha revolución. Antes de octubre de 1934, los dirigentes izquierdistas del Partido Socialista confundían y substituían la consigna de la dictadura del proletariado por la de dictadura del Partido Socialista. En vísperas de octubre, su consigna era: ¡Todo el poder para el Partido Socialista! en vez de: ¡El poder para los obreros y campesinos, para las Alianzas Obreras y Campesinas!, que era la de nuestro Partido.
Después de octubre, y a pesar de la valiosa experiencia que nos ha dado Asturias, los dirigentes izquierdistas siguieron manteniéndose en la misma posición falsa, y como para ellos el Partido Socialista seguía siendo el único a quien correspondía el Poder, era lógico que se pronunciasen en contra de las Alianzas Obreras y Campesinas, por cuanto éstas representan los órganos embrionarios de lucha por y del Poder de los obreros y campesinos de todas las tendencias y partidos; seguían asignando al Partido Socialista el papel que corresponde a toda la clase obrera y campesina. En cuanto al Frente Popular, los izquierdistas no comprendían la posibilidad de la constitución de un bloque de obreros y republicanos con fines revolucionarios, con la hegemonía y dirección del proletariado en dicho bloque. Únicamente admitían la posibilidad de aliarse a los republicanos cuando se planteaba la cuestión de ir unidos a las elecciones.
Durante mucho tiempo, los dirigentes reformistas siguieron en su posición negativa y hostil al Frente Único proletario y a la unidad de acción antifascista, y los dirigentes izquierdistas aferrados a su incomprensión y posición confusa con respecto a los problemas fundamentales de la revolución y a las tareas inmediatas de los obreros revolucionarios.
Los esfuerzos del Partido Comunista, coronados por el éxito.
Pero el VII Congreso de la Internacional Comunista ayudó mucho al Partido Comunista de España en su labor de esclarecimiento de los problemas. La claridad meridiana con que el VII Congreso de la I.C. y especialmente el camarada Dimitrof planteó y explicó los problemas de la clase obrera, la lucha contra el fascismo, etc., hicieron vacilar a los dirigentes socialistas de izquierda en su posición, les hicieron reflexionar y les ayudaron a comprender y a darse cuenta de la verdadera situación de España, y de esta manera, a acercarse cada vez más y a ver con simpatía la posición de nuestro Partido ante los diversos problemas de la revolución y de la lucha contra el fascismo en España. A partir del VII Congreso de la I.C. fue cuando las relaciones entre nuestro Partido y el ala izquierda del Partido Socialista se hicieron cada vez más efectivas y estrechas frente al silencio en que la Comisión Ejecutiva nacional del Partido Socialista, los reformistas y los centristas, se obstinaban ante nuestros proposiciones de unidad de acción, el ala izquierda, por medio de su órgano Claridad, las acogía con simpatía y se pronunciaba cada vez más abiertamente y con menos confusionismo en favor de las Alianzas Obreras y Campesinas y en favor del Frente Popular Antifascista.
La unidad sindical ya realizada, la fusión de la C. G. T. U. con la U. G. T. a propuesta y gracias a la lucha de la primera, estrechó aún más los lazos entre nuestro Partido y el ala izquierda del Partido Socialista, encabezada por el camarada Largo Caballero. La realización de la unidad sindical ha servido de ejemplo práctico (el ingreso en la U.G.T. de muchos sindicatos autónomos, el hecho de plantearse la posibilidad de unidad de acción entre la U. G. T. Y la C.N. T., etc.), para toda la masa obrera y también para los dirigentes del ala izquierda del Partido Socialista, de los grandes beneficios que el proletariado puede obtener luchando unido.
Nuestro trabajo continuo e incansable en pro del Frente Único proletario; la política justa desarrollada por nuestro Partido; la labor formidable desplegada por nuestras organizaciones entre los obreros socialistas; nuestro acercamiento y nuestro trabajo cerca de los dirigentes del ala izquierda del Partido Socialista; la gran resonancia que el VII Congreso de la Internacional Comunista ha tenido entre los obreros socialistas en España; todo ha contribuido a que, al negar el momento de la lucha electoral, los dirigentes socialistas se pronunciasen en favor del Frente Único proletario y de la formación de un Frente Popular para lucha en común contra las fuerzas de la reacción y del fascismo. Sólo gracias, a la línea política justa de nuestro Partido, que prendió en la masa obrera y también en los dirigentes socialistas de izquierda, ha sido posible constituir el Frente Popular. Y este Frente Popular, con todos sus defectos y debilidades, ha jugado un papel decisivo en la lucha electoral y ha dado el triunfo a las fuerzas de izquierda.


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