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EL IMPERIALISMO DE LA UNIÓN EUROPEA

En la tesis anterior describimos la existencia de 3 polos imperialistas a nivel mundial: EEUU, Japón y la Unión Europea (UE). De estos tres polos, EEUU es el que mayor poder económico, político y militar acumula, siendo el imperialismo de la UE subordinado al estadounidense, lo que en ningún caso significa que sea más benigno; sólo significa que su menor poder le obliga a alinearse con EEUU en ciertas cuestiones, si bien su intención última es deshacerse de esta tutela. La Unión Europea también dirime importantes contradicciones con Rusia, una potencia en recuperación, que pugna por mantener su área de influencia en el este europeo y la zona centroasiática.

Europa y UE: dos conceptos diferentes

Es necesario diferenciar Europa, como concepto geográfico, que abarca lo que históricamente se ha definido como continente, de la Unión Europea, como concepto básicamente económico, al que se quiere dotar de contenido político. Se podría definir la UE como un conjunto de Estados que han decidido unificar sus mercados y sus monedas desde los presupuestos del capitalismo neoliberal y que intentan unificar sus instituciones políticas sin conseguirlo plenamente. Se puede ver con claridad que poco tienen que ver ambos conceptos, máxime si tenemos en cuenta que la UE incluye territorios que se encuentran fuera de Europa y, simultáneamente, hay estados europeos que rechazan pertenecer a la UE.

Breve historia de la UE

Tras la 2ª guerra mundial, los estados imperialistas europeos quedaron destrozados y en clara desventaja frente a su competidor imperialista: EEUU. Los sectores dominantes de las burguesías europeas ven la necesidad de apoyarse en EEUU y de crear el “Estado del bienestar” para hacer frente a la URSS y al campo socialista, y de conjugar fuerzas para poder competir a medio o largo plazo con EEUU. Les conduce a ello la necesidad de aumentar la tasa de ganancia incrementando la escala de la producción, con el consiguiente abaratamiento de costes e intensificación de la productividad.

En 1957, el Tratado de Roma crea la Comunidad Económica Europea (CEE) sobre la base de 6 Estados. Con las sucesivas ampliaciones (1973, 1981, 1986, 1995 y 2004) llega a los 25 de hoy, en que la anteriormente denominada CEE, y, luego, Comunidad Europea, a secas (CE), ha dado lugar a la UE.

En los últimos años, los pilares de este proceso han sido:

- El Acta Única (1985), que supuso la unificación del mercado de los estados de la CEE al establecer la libertad de circulación de capitales, mercancías, servicios y personas. Además, sustituyó la unanimidad en las decisiones por las mayorías cualificadas.

- El Tratado de Maastricht (1991), que estableció las condiciones de convergencia de cara a conseguir la unión monetaria con el euro. Este tratado creó, además, los fondos estructurales y de cohesión y la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC).

- Pacto de Estabilidad, que estableció límites al déficit público.

- Agenda de Lisboa, del año 2000, a aplicar hasta el año 2010 (consecuencia directa de los acuerdos de Seattle, de 1999, y otros anteriores encaminados hacia el mismo fin), de contenido ultraliberal. La directiva Bolkestein es una de sus aplicaciones. Esta directiva supone la liberalización de todos los servicios, incluidos los públicos; y da la posibilidad de acogerse al denominado “principio del país de origen”, según el cual a las empresas de servicios se les aplicará la normativa, tanto laboral como medioambiental, que rija en el estado en que tengan su sede social (esta medida -principio del país de origen-, de carácter regresivo para el conjunto de la clase obrera europea, ha sido paralizada momentáneamente, en gran medida debido al NO a la Constitución Europea en Francia y Holanda, y ante el temor a un efecto dominó de pronunciamientos en contra del resto de países donde todavía no se había sometido a referéndum, relajando las posiciones enquistadas contra ese proceso).

- La Carta de Derechos, aprobada en Niza en el año 2000. Carta que no garantiza los derechos sociales ni siquiera de manera formal, como sí hacen las constituciones burguesas estatales.

Fuerzas internas, cohesión y contradicciones. Estructuras políticas

El proceso de construcción de la Unión Europea no es un proceso exento de contradicciones. Las distintas burguesías estatales mantienen un continuo “toma y daca” con el que, lejos de sostener discusiones de principios, se esfuerzan por garantizar espacios propios de poder dentro del mercado común. Esta lucha convive con el interés común de obtener acceso privilegiado a las fuentes de materias primas de los países dependientes, de conseguir mano de obra barata y la protección de la economía de los países centrales.

El resultado ha sido la construcción de una UE a varias velocidades, en la que cabe distinguir entre cuatro Estados centrales grandes: Alemania, Francia, Reino Unido e Italia -con un mayor peso de Alemania respecto a los otros tres- y el Reino Unido, aliado prácticamente incondicional de EEUU. Cuatro Estados centrales pequeños: Benelux (Bélgica, Holanda, Luxemburgo) y Dinamarca. Cuatro Estados periféricos: Irlanda, Portugal, España y Grecia. Tres Estados periféricos, pero con mayor renta per cápita que los anteriores: Suecia, Finlandia y Austria. Y los diez Estados de la ampliación del 2004, ocho de ellos pertenecientes al antiguo campo socialista. En total, 25 Estados. Aunque tenemos que tomar en consideración que esta clasificación se encuentra atenuada por el hecho de que países como España poseen un valor estratégico para el imperialismo europeo por sus relaciones con los países del Magreb y, sobre todo, por su relación histórica, económica, política, cultural y militar con América Latina.

Las principales estructuras políticas de la UE son las siguientes:

- Comisión europea: sus miembros (los comisarios y las comisarias) son nombrados por los gobiernos pero sin depender formalmente de éstos.

- Consejo de ministras y ministros: formado por ministros y ministras de exteriores y los o las del ramo correspondiente al asunto que se trate.

- Consejo europeo: formado por quienes ostentan jefaturas de Estado y de gobierno.

- Parlamento europeo.

- Tribunal de Justicia.

Estas estructuras políticas no han logrado de ninguna manera la unificación política de la UE. Los Estados miembros siguen siendo los principales agentes políticos: han sufrido un vaciamiento de poder económico, en línea con lo preconizado por el capitalismo neoliberal, pero han conservado sus funciones políticas principales, particularmente la represiva, a la vez que comparten espacios de soberanía con otros Estados de la UE. La cesión de la política económica es particularmente importante junto a otras expresiones de control coordinado exentas de cualquier mecanismo formal de control propio de la democracia burguesa.

Carácter antidemocrático

La democracia tiene un carácter meramente formal en los Estados capitalistas: se reconocen jurídicamente derechos y libertades pero no se crean las condiciones materiales, es decir, económicas y sociales, que los hagan posibles. La UE liquida incluso esta formalidad: ni siquiera reconoce jurídicamente muchos derechos y libertades que sí reconocen las legislaciones de sus Estados miembros. La UE sólo reconoce derechos y libertades al capital.

Las principales instancias de decisión de la UE están fuera incluso del escaso control de la ciudadanía que existe en las democracias burguesas. Ni la Comisión ni los Consejos dependen directamente del voto ciudadano. Sólo el Parlamento es elegido por sufragio, pero este organismo no tiene todas las competencias propias de una asamblea parlamentaria ordinaria. Los miembros de la Comisión son elegidos (cooptados) por las oligarquías políticas de la UE. Los miembros del Consejo de Ministros son elegidos por los gobiernos de los estados miembros, y, en el Consejo Europeo, permanecen incluso monarcas a los que, evidentemente, no ha elegido nadie.

En coherencia con lo anterior, no se contempla la necesidad de profundizar la democracia y hacerla participativa, como sí hacen la democracia socialista cubana y la democracia venezolana. El dominio de clase de la oligarquía burguesa de la UE necesita incluso recortar los débiles niveles de democracia existentes.

La UE, además, arrastra dos importantes déficits democráticos ya existentes en los Estados miembros:

- No reconoce el derecho a la autodeterminación de las naciones sin Estado incluidas dentro de la UE, con lo que se les niega un derecho democrático básico.

- Permite que la Jefatura del Estado de varios Estados miembros esté ocupada por individuos que no han llegado a ella a través de un proceso electoral, sino que la han heredado, y de forma vitalicia, de sus antepasados, convirtiendo una responsabilidad política que afecta a toda la población en un patrimonio privado. Nos estamos refiriendo a las monarquías, ese anacronismo del Antiguo Régimen que las burguesías de varios Estados miembros no sólo no se han sacudido, a diferencia de otras, sino que han convertido en puntales de su dominio de clase.

- De manera general, todo el proceso de conformación de la UE queda sustraído a la expresión de la voluntad popular. Ninguna toma de decisión ni ningún compromiso en la UE es sometido a referéndum popular.

La integración de los “países del este”

Los Estados del Este son los candidatos idóneos para la construcción de la Europa neoliberal. La actual dominación de la burguesía impone estos procesos a pesar de los altos costes sociales que, para el pueblo, esto significa. En el año 2004, diez nuevos socios se sientan en Bruselas: Malta y Chipre, junto a 8 Estados del antiguo campo socialista: Polonia, Chequia, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania; y está previsto que para el 2007 se integren en esta Europa del capital Rumanía y Bulgaria.

Un espacio muy importante de futuros consumidores de bienes y servicios en manos de empresas transnacionales, y un potencial de mano de obra bien cualificada (precisamente a causa del pasado socialista) y a buen precio. Condiciones óptimas para las burguesías dirigentes de la Unión Europea, y que se traduce por lo que en realidad es la ampliación de la UE hacia el Este: neocolonialismo. Los nuevos miembros del Este reproducen a escala regional la polarización que a escala global existe entre un centro dominante y una periferia dependiente. Los países del Este europeo que acceden a la UE lo hacen en calidad de miembros de segunda o tercera clase. Con subvenciones agrarias, por ejemplo, que constituyen sólo el 25% de las que reciben los otros miembros, y la aplicación de severas presiones para la reducción de su producción agrícola. Además, su incorporación a la UE no supone, temporalmente (de 3 a 5 años, ampliables a 7 -y más-), la libre circulación de personas, aunque sí la haya para capitales, mercancías y servicios. En este sentido, las condiciones impuestas pueden considerarse como un nuevo peaje de su transición al capitalismo.

Estructuras económicas. Disciplina presupuestaria

Políticas de reestructuración y subvención del sector agrario en el marco de la UE.

Aunque sólo el 5% de la población de la UE se dedica al sector agrícola y ganadero, se destina el 40% del presupuesto a este sector. Los receptores de las ayudas son fundamentalmente grandes terratenientes –el 5% de propietarios y propietarias reciben el 50% de ayudas–, perjudicando la pequeña y mediana producción de la UE y, sobre todo, la de los países con los que la UE mantiene una relación basada en el neocolonialismo.

Banco Central Europeo (BCE)

Institución para el control de la política monetaria del UE con capacidad de control sobre las tareas del resto de bancos centrales y de otros factores estratégicos de la política económica de los países de la UE. Su pretendida independencia de otras instancias de la UE no es otra cosa que la expresión de su real carácter de clase.

Política económica

Frente a la idea de un capitalismo europeo más benigno que el de EEUU, es preciso constatar que estas políticas económicas son un conjunto de medidas económicas destinadas a hacer crecer la tasa de ganancia de los y las capitalistas de la UE y a aplicar las políticas neoliberales, que llevan al recorte de impuestos a los capitales, privatización, recorte de gastos sociales, precarización de condiciones laborales y recorte de derechos sociales y laborales.

Disciplina presupuestaria

Con criterios económicos severos, que en la mayoría de los casos no son respetados por los Estados “centrales” de la UE, pero que tienen como objetivo primordial ajustar los gastos públicos y aumentar la disciplina presupuestaria de los países que componen la Unión. En ese mismo orden de cosas se entiende otro de los criterios económicos clave de esta construcción capitalista de Europa: el respeto a la política de libre mercado y a la competitividad. En definitiva, el rigor presupuestario va en esa dirección, es decir, en hacer que los servicios públicos sean mediocres e ineficaces ante la opinión pública, por carentes de medios, y que, a causa de ello, se pueda facilitar el camino a la privatización de los mismos. En lo que respecta a los países del Este, esta política económica convergente está teniendo efectos sociales demoledores: paro, desprotección social, indigencia, salarios bajos, etc...

La estricta planificación de la economía que la UE necesita imponer rompe la falsa idea de que el “libre mercado” se autorregula. Además, sitúa al capitalismo ante la contradicción que supone aspirar a desorientar, dividir y fragmentar la clase obrera y, al mismo tiempo, regular el mercado eliminando fronteras e igualando los distintos mercados laborales –misma legislación, moneda única… - ayudando así, a largo plazo, a desarrollar la unidad de la clase obrera en Europa y a despejar el camino a luchas populares contra un enemigo común de clase e identificable.

El aparato policial, judicial y militar. La inmigración

Sus características dependen del apartado anterior. A una política económica de reducción del gasto social y de los salarios y de empobrecimiento de la clase obrera (es decir, de aumento de la tasa de explotación) corresponde un aumento del número de efectivos policiales, de sus prerrogativas, de su brutalidad, así como un aumento de la población encarcelada y del número de prisiones; y, a la vez, un ejército poderoso que discipline a la clase obrera de los Estados en los que operan las transnacionales europeas y a la clase obrera de los Estados miembros, como disuasión contra la revolución. No obstante, sigue habiendo una subordinación militar de los Estados de la UE con respecto a EEUU en el marco de la OTAN, sobre todo por parte de los Estados que han cedido más soberanía permitiendo la instalación de bases militares estadounidenses (a pesar de que en aquella organización también se está vislumbrando el conflicto de intereses entre las potencias imperialistas a la hora de actuar en terceros países, como fue el caso de Irak). El deseo convertido en artículo de la Constitución Europea de invertir en capacidades militares dejó impresa la intención de competir militarmente con los EEUU.

El aparato policial

Los inicios de la cooperación policial en la CE deben situarse a mediados de los años 70. Los ministros responsables de la policía de los Estados miembros acordaron, en 1975, la creación de un grupo llamado TREVI (abreviatura de Terrorismo, Radicalismo, Extremismo y Violencia Internacional).

En menos de 20 años, los poderes ejecutivos de la UE, reunidos en el Consejo de Ministros de Interior y Justicia, han logrado desarrollar un complejo de instituciones policiales. Este se compone de un número creciente de grupos de trabajo político-policiales y unidades operativas. A todo esto se añade la oficina central EUROPOL, con sus bases de archivos y su sistema de registro; el Sistema de Información de Schengen (SIS), con su central en Estrasburgo; el sistema de huellas digitales EURODAC y el mandato de arresto europeo. Se está creando también un cuerpo de policía de frontera común, así como una policía común para actuar en caso de manifestaciones y de cualquier conato revolucionario.

El sistema judicial

La creación de un pretendido “espacio de libertad, seguridad y justicia” se ha impuesto al cabo de los años a través de sucesivas modificaciones de los Tratados, introducidas por el Acta Única Europea, el Tratado de Maastricht y el de Ámsterdam. Se han creado, igualmente, programas para reunir a los profesionales de Derecho de los distintos Estados miembros. Así, el programa GROTIUS, para familiarizar a abogados y jueces con los sistemas judiciales de los restantes Estados de la UE. El programa FALCONE, para promover contactos entre jueces, fiscales, policías y aduaneros en el conjunto de la UE. La idea es la de aplicar una política penal común en un marco jurídico común. Se trata, obviamente, de aplicar el derecho burgués.

Estructura y gasto militar. La Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD)

La denominada “doctrina Solana” imita el modelo de EEUU tras el 11-S: guerra “preventiva” contra lo que el capitalismo internacional denomina “terrorismo”. Se fomentan las denominadas misiones “Petersber” o “humanitarias”. Se han realizado ya tres misiones: en Bosnia, Macedonia y el Congo.

Hay un claro interés en aumentar el gasto militar de los estados miembros. Y una clara voluntad en aumentar la capacidad militar de la UE: el sistema de localización espacial Galileo, en competencia con el GPS de EEUU, es un buen ejemplo.

La intención de crear a corto o medio plazo un ejército de la UE que respalde su moneda y sus empresas es clara, así como la intención de EEUU de obstaculizar en lo posible este intento.

Inmigración

La inmigración es una absoluta necesidad económica para los Estados de la UE. Dada, entre otros factores, la escasa natalidad existente en los Estados más enriquecidos de la UE, se les hace necesario importar mano de obra. Pero, como a las personas inmigrantes se les mantiene con menos derechos que a la clase obrera autóctona, o, incluso, sin ningún derecho, en el caso de los trabajadores y las trabajadoras sin papeles, esto sirve para presionar a la baja sobre los salarios y las condiciones laborales de toda la clase obrera. Se les obliga a estos trabajadores y a estas trabajadoras a poner en riesgo sus vidas para conseguir llegar a la UE, a aceptar peores condiciones laborales y una mayor explotación para, posteriormente, y de forma hipócrita, regularizar precariamente su situación como si se tratara de una concesión. Por otro lado, el racismo y la xenofobia son fomentados para, además de asegurar la existencia de mano de obra barata, romper la solidaridad de clase que debiera establecerse entre todos los trabajadores y todas las trabajadoras.

De esta manera, convierten tendenciosamente a la inmigración en un problema de orden público al que se da un tratamiento policial.

Medio ambiente

Todo se subordina al mercado y al beneficio a corto plazo. Tras una retórica de “desarrollo sostenible” se oculta una práctica que fomenta las grandes infraestructuras de transporte, un incumplimiento de los modestísimos objetivos de Kyoto, un modelo agrícola y ganadero productivista y contaminante, una política de manga ancha con respecto a los transgénicos, el uso del sello ecológico para la eliminación de la competencia de pequeñas y medianas producciones, etc. En definitiva, se le da un barniz verde que pretende neutralizar las críticas del movimiento ecologista más consecuente, encubriendo un modelo productivo despilfarrador y depredador.

Proceso de la constitución de la UE (que no europea)

El Tratado por el que se establece una Constitución para la Unión Europea es una pieza clave en la cohesión del bloque imperialista europeo. Avanza en la configuración de sus instituciones políticas decisorias (de carácter no representativo y no participativo), de sus ejes de estructuración económica (asentados en la intocable propiedad privada y en la competitividad), de su ensamblaje de aparatos policiales y judiciales (expertos en la implacable represión de toda disidencia real), de un ejército centralizado autónomo (imbuido de la doctrina de guerra preventiva allí donde el capital lo requiera) y de un conglomerado de servicios sociales regido por la lógica neoliberal.

Principales críticas a la constitución:

- Es un proyecto antidemocrático desde sus orígenes.

- Implica que el capitalismo neoliberal es elevado a rango de ley fundamental.

- Su consecuencia es la liquidación de los servicios sociales.

- Tiene un carácter patriarcal: no reconoce el divorcio ni el aborto, revaloriza el papel de la “familia” de tipo burguesa, patriarcal, monogámica y adultocéntrica, con el objetivo de recluir a las mujeres dentro del hogar como trabajadoras gratuitas, dada la intención de eliminar los servicios sociales; e institucionaliza el papel de las llamadas “iglesias”, a las que la UE “consultará”, con lo cual refuerza su papel oscurantista, anticientífico y machista.

- Con un lenguaje engañoso plantea una estrategia de sustanciales recortes en la formulación de los derechos sociales.

Para hacer posible todo lo anterior, fomenta el militarismo y el carácter policial del Estado burgués.

El amplio voto popular en contra del Tratado por el que se establece una Constitución para la Unión Europea en los referendos celebrados en Francia y Holanda ha supuesto un parón para la Constitución Europea y un triunfo para las fuerzas de izquierda que, no obstante, han sido incapaces de elaborar una alternativa anticapitalista que movilice a un porcentaje significativo de la población. El denominado “Movimiento de Resistencia Global”, en el cual trabajamos allí donde aún existe formalmente, ha sido capaz de conseguir grandes movilizaciones contra la Europa del Capital y la Guerra, como la realizada en Barcelona en el año 2002, durante la presidencia de la UE por parte del Estado Español; pero no se ha conseguido que esas grandes movilizaciones se tradujeran en un aumento de la conciencia de clase y de la organización anticapitalista. Por ello, la posibilidad de una alternativa anticapitalista en la que estén de acuerdo la mayoría de los grupos y que consiga que pasemos de la fase de mera resistencia y heterogeneidad a una fase de mayor acuerdo y capacidad de organización, que haga posible pasar a la ofensiva, parece lejana.

Por otro lado, los Foros Sociales Europeos, surgidos del ejemplo de los Foros Sociales Mundiales, y donde converge buena parte del llamado “movimiento antiglobalización”, constituyen reuniones hegemonizadas por personalidades y organizaciones reformistas y cuyo contenido anticapitalista es tan limitado que, por ejemplo, se niegan a rechazar la Constitución de la Unión Europea.

Los resultados obtenidos hasta el momento por el movimiento antiglobalización parecen más bien escasos. Desde su mismo nacimiento, el movimiento antiglobalización ha estado caracterizado por la presencia en su seno de sectores de la socialdemocracia y otros críticos conciliadores con el capitalismo, que, de una manera interesada, han utilizado el movimiento con el propósito de neutralizarlo como herramienta válida dee nfrentamiento real con el capitalismo. Ha sido capaz de molestar en ocasiones concretas a las burguesías dirigentes de la UE, pero, dada su heterogeneidad y su falta de vertebración, ha ido difuminándose, al menos en el Estado Español.

También ha habido importantes movilizaciones contra la guerra imperialista. Las movilizaciones de rechazo a la invasión de Iraq y a la manipulación mediática cometida por el gobierno del PP durante las elecciones generales de marzo de 2004 mostraron las virtudes y defectos de este tipo de movimientos: su composición tan heterogénea es capaz de convertirlo en representante de amplias capas de la sociedad en momentos muy concretos, pero su falta de coordinación y su discurso exclusivamente humanitario (“No a la guerra”) no ayudó a explicar el carácter imperialista de la guerra y a relacionarla con un modo de producción que necesita de ésta para intentar perpetuarse, por lo que perdió –o no se quiso aprovechar por parte de sus “cabezas visibles”– la oportunidad de elevar la conciencia anticapitalista y de clase entre las masas populares.

Competencia interimperialista

El imperialismo europeo pretende disputar el dominio económico fundamentalmente al imperialismo yanqui. El imperialismo europeo pretende hegemonizar en beneficio propio la economía mundial y, acuciado por su apremio de acumulación, ha de hacerlo con urgencia. Es una estrategia de gran riesgo, pero sectores importantes del capital europeo la consideran como la más adecuada. Para ello, es necesario disponer del monopolio del amplio mercado europeo. Mercado que hay que entender en toda su amplitud, tanto en lo referente al espacio geográfico como a sectores económicos regidos por el estado (servicios públicos, hoy “de interés social”: enseñanza, sanidad, pensiones, transportes, etc.) a los que pretenden liberalizar. Otro objetivo inseparable del anterior de la lucha de clase del capital va dirigido a disponer de fuerza de trabajo lo más homogénea posible para la máxima explotación; en consecuencia, la competencia salarial ha de dirimirse a escala internacional.

Uno de los ámbitos en los que se expresa la pugna entre los polos imperialistas es el monetario. La divisa europea, el euro, sigue disputando posiciones al dólar, divisa de EEUU, sin llegar a desbancarla (por el momento). El euro gana posiciones frente al dólar como divisa de reserva y de pago.

Otro de los ámbitos es la “guerra comercial” entre EEUU y la UE. Guerra que recientemente se ha expresado en la imposición de transgénicos con la tecnología “terminador” o en las disputas del acero.

La pugna entre la UE y EEUU también se ha manifestado en la postura de los estados de la UE con respecto a la invasión de Iraq por EEUU. Los estados que forman el núcleo duro de la UE (es decir, Francia y Alemania) han criticado la invasión o, al menos, no la han apoyado todo lo que EEUU habría querido. Los estados que forman la “quintacolumna” de EEUU en la UE, como son el Reino Unido y el Estado Español (mientras el PP ocupó su gobierno), apoyaron firmemente la invasión. Con la llegada del PSOE al gobierno las alianzas del Estado Español han cambiado (ejemplo de las pugnas entre fracciones de la burguesía) y se ha pasado a la alianza con las posiciones de Francia y Alemania, y, por ello, a un reforzamiento de la autonomía de la UE con respecto a EEUU, sin que esto suponga una ruptura con EEUU, por ahora. La retirada de tropas de Iraq por parte del Estado Español se ha compensado con el aumento de tropas en Afganistán y el envío de tropas a Haití.

Con posterioridad al final oficial (y en falso) de la guerra contra Iraq, los Estados europeos, anteriormente reticentes a la invasión, la han legalizado en las instancias correspondientes de la ONU.

Situación del Estado Español en la UE

La incorporación a la CEE fue vista como prioritaria por las fracciones dominantes del capitalismo español ya durante el franquismo. Esta incorporación se hizo, al precio de fuertes reconversiones, a principios de los años 80, que supusieron la destrucción de 2,3 millones de puestos de trabajo, tanto agrícolas como industriales, así como un enorme déficit comercial. Gran parte de la industria, la agricultura y la ganadería del Estado Español fue desmantelada, como parte de las condiciones de ingreso, para que no pudiera competir con los Estados que ya pertenecían a la CEE. Todos estos datos ponen de manifiesto que, para el Estado Español, incorporarse a la UE supuso asumir un elemento fundamental de entrega política y recorte de soberanía.

El peso “medio” del Estado Español dentro de la UE viene determinado por su población, su capacidad económica, su ejército, su capacidad diplomática y su relación con sus antiguas colonias, entre otros factores. El PIB per cápita del Estado Español dentro de la UE de 15 era de los tres más bajos, superando sólo a Portugal y Grecia. Esto le ha hecho recibir fondos estructurales y de cohesión, que van a ir siendo disminuidos con la ampliación del 2004.

Como se ha señalado más arriba, la llegada del PSOE al gobierno del Estado Español supone que la fracción de la burguesía española interesada en consolidar la UE desplaza del poder político a la fracción de la burguesía que prefería la alianza con EEUU, sin que esto suponga, por supuesto, que la primera desee romper a corto o medio plazo con EEUU.

Estructura de clases

La situación de la clase obrera dentro de la UE varía entre la de aquellos Estados capitalistas con vocación imperial que, necesitando paz social en su territorio, crearon un Estado social, que en los últimos años han ido recortándolo, y la de aquellos Estados dependientes que nunca consiguieron construir un Estado “del bienestar” digno de tal nombre, junto a los Estados exsocialistas, que han sufrido un desmantelamiento acelerado de sus conquistas sociales. En última instancia, a lo que se tiende en todos los Estados de la UE es a una igualación a la baja de las condiciones laborales y de vida de la clase trabajadora.

Frenar o, incluso, dar la vuelta a este proceso dependerá de la capacidad de lucha de la clase obrera, que necesitará coordinarse a nivel europeo para que sus luchas sean más eficaces, para trabajar por poner en pie un potente movimiento sindical de clase europeo.

Sin embargo, por el momento, es manifiesta la debilidad, tanto sindical como política, de la clase obrera, lo que hace que organizaciones como la Confederación Europea de Sindicatos (CES), principal organización sindical a nivel europeo, aparezcan en ocasiones en actitudes de alianza con el capital, como quedó claro con su apoyo a la Constitución Europea. A nivel político, la creación del PIE (Partido de la Izquierda Europea) supone un salto cualitativo en el proceso de integración y supeditación de algunos partidos comunistas a las estructuras de la Unión Europea. Mientras, el Partido Socialista Europeo colabora con el capitalismo. Por otro lado, las opciones revolucionarias, en concreto, las marxista-leninistas, tenemos, en general, poca capacidad de influencia, salvo las excepciones del KKE (Partido Comunista Griego), el Partido Comunista de Bohemia y Moravia (República Checa) y del PCP (Partido Comunista Portugués).

Es preciso que los partidos comunistas y obreros con puntos de vista cercanos basados en el marxismo-leninismo hagamos que la clase obrera de los países europeos (estén o no en la UE) escuchen la propuesta comunista. En coherencia, nuestro Partido propone avanzar en el fortalecimiento de la coordinación comunista que deslinde definitivamente el campo del comunismo y el campo de la rendición y la integración en el sistema burgués, representado hoy por el PIE y sus secciones nacionales.

El impulso y fortalecimiento de la coordinación comunista pasa necesariamente por la confrontación ideológica con las posiciones claudicantes que conducen al proletariado a la total pérdida de su independencia de clase y a la sustitución de las aspiraciones revolucionarias por el más burdo reformismo.

Nos encontramos aún en un momento de hegemonía ideológica burguesa que impregna a la mayor parte de la clase obrera y hace que ésta busque salidas individuales y no colectivas a sus problemas, que piense desde las premisas que desean los patronos y que se encuentre o bien ideológicamente integrada, votando a los partidos del capital, o bien desintegrada políticamente pero de forma funcional al sistema no votando ni movilizándose.

Hoy la clase obrera europea está sometida a una salvaje agresión por parte del capital: relocalización de empresas, despidos masivos, aumento de la duración de la jornada de trabajo y congelación, cuando no disminución, de los salarios. Ejemplo de ello es el aumento de jornada de trabajo semanal en cinco horas sin aumento de salario en Wolkswagen y otras empresas del sector, o el llamado “Contrato de Primer Empleo” francés.

Una oligarquía reducida es la que impulsa el proyecto con enorme violencia contra los derechos de las mayorías.

Un proceso de proletarización progresivo y la expulsión fuera del sistema, a la exclusión social, de los sectores más débiles son expresión de un capitalismo neoliberal que deja en la cuneta del sistema a una parte importante de la sociedad, con aumento de los índices de pobreza y otros indicadores de fracaso social.

El proceso de construcción europea, con la cesión de poderes por parte de los gobiernos nacionales, ha dado pie a la aparición también de partidos y posiciones políticas que podemos encuadrar dentro de la extrema derecha. Aprovechándose de las contradicciones inherentes a este proceso, tienen como bandera un marcado carácter nacionalista y xenófobo. En aquellos países donde, ante la falta de un referente claro de izquierdas (ya sea por su inexistencia o por su atomización), o motivado por una estrategia de la socialdemocracia, orientada a quebrar los partidos tradicionales de la derecha conservadora y católica, hemos visto su evolución de una situación marginal y totalmente minoritaria a un paulatino y continuado proceso de crecimiento, calando su mensaje populista.

Propuesta revolucionaria

La UE es un proyecto burgués e imperialista; la necesaria unión de la clase trabajadora a nivel europeo y a nivel mundial debe hacerse sobre bases distintas. Por ello, nuestra posición es la salida inmediata del Estado Español de la Unión Europea y la eliminación de esta institución, bajo la cual la integración europea tiene un carácter necesariamente reaccionario.

Los partidos comunistas europeos estamos obligados a avanzar en un proceso de unidad de acción y de articulación de una posición común frente al proyecto del imperialismo. Esta es una necesidad apremiante a la que el PCPE dará especial importancia en el próximo período.

Para lograr esta unión vemos necesario intentar una mayor vertebración del anticapitalismo, tanto organizativa como ideológica. No basta con incordiar a la burguesía, si afirmamos que “otro mundo es posible... (sólo si es socialista)”, hace falta crear las bases materiales, objetivas y subjetivas que lo hagan posible: es decir, hay que arrebatar el poder a la burguesía mediante la revolución.

La creación de un Frente Amplio por la Soberanía y la Cooperación de los Pueblos de Europa, que aglutine a los sectores antimonopolistas y antiimperialistas, es la propuesta organizativa para articular a un amplio espectro de organizaciones sociales y políticas para impulsar otro modelo de integración regional que abarque desde el Atlántico a los Urales.

Este modelo se ha de basar en una propuesta de carácter confederal, que reconozca el derecho de autodeterminación, en defensa de la gestión pública de los servicios básicos a la sociedad: sanidad, educación, cultura, etc., por la defensa de las estructuras productivas ante la voracidad de los monopolios. En política internacional la propuesta defiende un proceso de desarme generalizado, la resolución de los conflictos sobre bases democráticas y no militares, el fin del intercambio desigual y el respeto de la soberanía nacional y el derecho de cada pueblo a elegir su propio modelo político. Defendemos un proyecto antiimperialista, democrático avanzado y solidario, de igualdad efectiva y justicia social. Un proyecto orientado hacia el socialismo.

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