Enver Hoxha
Tomado de "El imperialismo y la revolución" (Ed. Cuestión, 1978), reproducción facsímil de la edición albanesa en castellano de 1977.
En la actualidad han aparecido abiertamente y luchan en un vasto frente contra la teoría y la estrategia leninistas de la revolución y de la lucha de liberación de los pueblos también los revisionistas chinos. Tratan de contraponer a esta teoría y estrategia científicas y gloriosas su teoría de los "tres mundos", teoría falsa, contrarrevolucionaria y chovinista.
La teoría de los tres mundos" está en oposición a la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin, o más exactamente, es una negación de ésta. Lo de menos es saber quién fue el primero que inventó el término "tercer mundo", quién fue el primero que dividió el mundo en tres partes; lo cierto es que no fue Lenin quien hizo esta división, mientras que el Partido Comunista de China reivindica, su paternidad y afirma que la teoría de los "tres mundos" ha sido inventada por Mao Tsetung. Si éste es el autor que ha formulado por primera vez esta llamada teoría, se trata de otra confirmación de que Mao Tse-tung no es un marxista. Pero, también si esta teoría ha sido formulada por otros y él la ha adoptado, esto es suficiente para no ser un marxista.
El concepto de los “tres mundos”, negación del marxismo-leninismo.
La noción de la existencia de tres mundos o de la división del mundo en tres se funda en una comprensión racista y metafísica del mundo, comprensión que es engendro del capitalismo mundial y de la reacción.
Pero la tesis racista que encasilla a los países en tres grados o en tres “mundos”, no se basa simplemente en el color de la piel. Hace una clasificación cimentada en el nivel de desarrollo económico de los países y tiende a determinar la "raza de los grandes señores , de una parte, y la "raza de los parias y de la plebe", de la otra; tiende a crear una división inmutable y metafísica, que concuerda con los intereses de la burguesía capitalista. Esta tesis considera a las distintas naciones y a los diferentes pueblos como un rebaño de ovejas, como un todo amorfo.
Los revisionistas chinos admiten y predican que la “raza de los señores” debe ser preservada y que la “raza de los parias y de la plebe” debe servir sumisa y devotamente a la primera.
La dialéctica marxista-leninista nos enseña que el desarrollo jamás tiene límites, que todo está en continua transformación. En este proceso ininterrumpido de desarrollo hacia el futuro, se producen cambios cuantitativos y cualitativos. Nuestra época, al igual que cualquier otra, se caracteriza por la existencia de profundas contradicciones, que han sido definidas con suma claridad por Marx, Engels, Lenin y Stalin. Es la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias, por lo tanto, una época de grandes cambios cuantitativos y cualitativos, que conducen a la revolución y a la toma del poder por la clase obrera, para construir la nueva sociedad socialista.
Toda la teoría de Marx está basada en la lucha de clases y en el materialismo dialéctico e histórico. Marx ha probado que la. sociedad capitalista es una sociedad con clases explotadoras y explotadas, que las clases desaparecerán sólo cuando se llegue a la sociedad sin clases, al comunismo.
Actualmente vivimos en el estadio del derrumbamiento del imperialismo y del triunfo de las revoluciones proletarias. Esto significa que en la sociedad capitalista de hoy existen dos clases principales, el proletariado y la burguesía, que están en lucha irreconciliable y a muerte. ¿Quién vencerá a quién? Marx y Lenin, la ciencia marxista-leninista, la teoría y la práctica de la revolución, nos prueban y convencen de que, en último término, el vencedor será el proletariado, el cual destruirá, derrocará el poder de la burguesía, al imperialismo, a todos los explotadores y construirá una sociedad nueva, la sociedad socialista. Nos enseñan igualmente que también en esta sociedad nueva existirán, durante un período de tiempo muy largo, las clases: la clase obrera y el campesinado trabajador, que están en estrecha alianza, pero también subsistirán los remanentes de las clases derrocadas y expropiadas. A lo largo de todo este período, estos remanentes, así como los elementos que degeneran y se oponen a la construcción socialista, harán esfuerzos por recuperar el poder perdido. Así pues, también en el socialismo existirá una enconada lucha de clases.
Los marxistas-leninistas jamás pierden de vista que en todos los países, a excepción de aquellos en los cuales ha triunfado la revolución y se ha implantado el régimen socialista, existen las clases pobres, con el proletariado a la cabeza, y las clases ricas, encabezadas por la burguesía. En todo Estado capitalista, dondequiera que esté situado, aunque sea democrático y progresista, hay oprimidos y opresores, explotados y explotadores, hay antagonismos, se libra una lucha de clases inexorable. El que la lucha sea de distinta intensidad no cambia esta realidad. Esta lucha pasa por zigzags, sin embargo existe y no puede ser extinguida. Existe en todas partes; existe en los Estados Unidos de América, entre el proletariado y la burguesía imperialista; existe asimismo en la Unión Soviética, donde fue traicionado el marxismo-leninismo y se creó una nueva clase burgués-capitalista, que oprime a los trabajadores de ese país. Las clases y la lucha de clases existen también en el "segundo mundo", en Francia, Inglaterra, Italia, Alemania Occidental, el Japón. Existen igualmente en el "tercer mundo", en la India, el Zaire, Burundi, Pakistán, Filipinas, etc.
Sólo según la teoría de los "tres mundos" de Mao Tse-tung, en ningún país existen las clases y la lucha de clases. Ella no las tiene en cuenta, porque considera los países y los pueblos según las concepciones geopolíticas burguesas y de acuerdo con su nivel de desarrollo económico.
Considerar el mundo dividido en tres, en "primer mundo", "segundo mundo" y "tercer mundo", como hacen los revisionistas chinos, no a través del prisma de clase, significa desviarse de la teoría marxista-leninista de la lucha de clases, significa negar la lucha del proletariado contra la burguesía, para pasar de una sociedad atrasada a una sociedad nueva, a la sociedad socialista y más tarde a la sociedad sin clases, a la sociedad comunista. Dividir el mundo en tres significa desconocer los rasgos característicos de la época, impedir el avance del proletariado y de los pueblos hacia la revolución y la liberación nacional, impedir su lucha contra el imperialismo norteamericano, contra el socialimperialismo soviético, contra el capital y la reacción en cada país y en todos los confines del mundo. La teoría de los "tres mundos" predica la paz social, la reconciliación de clases, trata de crear alianzas entre enemigos irreconciliables, entre el proletariado y la burguesía, entre los oprimidos y los opresores, entre los pueblos y el imperialismo. Trata de prolongar los días del mundo viejo, del mundo capitalista, y mantenerlo vivo precisamente buscando la extinción de la lucha de clases.
Pero la lucha de clases, la lucha del proletariado y de sus aliados para tomar el poder y la lucha de la burguesía para conservarlo, jamás pueden ser apagadas. Esto es un hecho incontestable; esto no puede ser cambiado por las vanas teorizaciones sobre los "mundos": el "primer mundo", el "segundo mundo", el "tercer mundo", el "mundo no alineado" o el "vigésimo mundo". Aceptar tal división, quiere decir renunciar a la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin sobre las
clases y la lucha de clases, y abandonarla.
Después del triunfo de la Revolución de Octubre, Lenin y Stalin han dicho que en nuestra época existen dos mundos: el mundo socialista y el mundo capitalista, a pesar de que en aquel entonces el socialismo había sido instaurado en un solo país
". . .en la actualidad - escribía Lenin en 1921 - existen dos mundos: el viejo, el capitalismo, que se ha enredado, que nunca retrocederá, y el nuevo mundo en ascenso que, aunque todavía muy débil, crece porque es invencible. (1)
Este criterio de clase sobre la división del mundo es válido también hoy, independientemente de que el socialismo no haya triunfado en muchos países y de que la sociedad nueva no haya reemplazado a la vieja sociedad burgués-capitalista. Pero ineluctablemente esto se producirá mañana.
El hecho de que en la Unión Soviética y en los otros países ex socialistas fuese traicionado el socialismo, no cambia en lo más mínimo el criterio leninista sobre la división del mundo. Hoy, al igual que ayer, sólo existen dos mundos, y la lucha entre estos dos mundos, entre las dos clases antagónicas, entre el socialismo y el capitalismo, tiene lugar no sólo a escala nacional, sino también internacional. .
Los revisionistas chinos no admiten la existencia del mundo socialista so pretexto de que ya no existe el campo socialista, debido a la traición de la Unión Soviética y los otros países ex socialistas. Intencionadamente ignoran que la aparición del revisionismo moderno no modifica en lo más mínimo la tendencia general de la historia hacia la revolución, hacia el derrumbamiento del imperialismo, aunque el capitalismo siga existiendo todavía. Al mismo tiempo desconocen la existencia, el desarrollo y el triunfo de las ideas inmortales del marxismo-leninismo, la existencia de los partidos marxista-leninistas, la existencia de Albania socialista, la existencia de los pueblos que luchan por su libertad, por su independencia y soberanía nacional, la existencia y la lucha del proletariado mundial.
La Comuna de París no triunfó, fue aplastada, pero dio al proletariado mundial un gran ejemplo. Marx ha dicho que esta experiencia confirmó la debilidad temporal del proletariado francés, pero preparó al proletariado de todos los países para la revolución mundial y dio una gran lección mostrando cuáles son las condiciones que se precisan para conquistar la victoria. Marx elevó a teoría esta importante experiencia de los comuneros que asaltaron el cielo" y enseñó al proletariado que debe hacer uso de su violencia revolucionaria para romper el aparato del Estado burgués y su dictadura.
Los revisionistas modernos son unos cobardes. Piensan que hoy las fuerzas contrarrevolucionarias son muy poderosas. Pero esto no es en absoluto verdad. Son más débiles que los pueblos. Estos, con el proletariado a la cabeza, son los más fuertes. Ellos aplastarán a las fuerzas contrarrevolucionarias, a las fuerzas de la reacción, del imperialismo y del socialimperialismo. Esta es una concepción fundada en el análisis de clase del mundo. Toda otra concepción es errónea, independientemente de que los revisionistas disfracen su actividad y su miedo con frases revolucionarias.
Cuando los marxistas-leninistas decimos que existen dos y no tres o cinco mundos, estamos en el justo camino y, sobre la base del marxismo-leninismo, debemos edificar nuestra lucha contra la burguesía capitalista, contra el imperialismo norteamericano y el socialimperialismo soviético, contra los otros imperialismos. Esta lucha debe llevar a la destrucción del mundo viejo burgués-capitalista y a la instauración de un nuevo orden, del orden socialista.
El proletariado es la fuerza motriz social de nuestra época. Lenin ha puntualizado que la fuerza motriz que lleva adelante la historia está representada por la clase que se sitúa
". . . en el centro de talo cual época, y determina su contenido fundamental, la tendencia principal de su desarrollo, las particularidades esenciales de su situación histórica, etc.".." (2)
Mientras que los revisionistas chinos, oponiéndose a esta tesis de Lenin, se afanan en presentar el "tercer mundo" como la "gran fuerza motriz que hace avanzar la rueda de la historia". Declarar semejante cosa significa dar en la teoría y en la práctica una definición errónea de la fuerza motriz. ¿Cómo es posible que en la época de la actual evolución social, en la época que tiene en su centro a la clase más revolucionaria, el proletariado, se califique de fuerza motriz a una agrupación de Estados dominados en su abrumadora mayoría por la burguesía y los feudales, incluso por reaccionarios y fascistas declarados? Se trata de una burda deformación de la teoría de Marx.
La dirección china no tiene presente que en el "tercer mundo" hay oprimidos y opresores, que existen el proletariado y el campesinado esclavizado, pobre y mísero, por un lado, y los capitalistas y los terratenientes, que explotan y esquilman al pueblo, por el otro. Pasar por alto esta situación de clase en e1 llamado tercer mundo, pasar por alto los antagonismos existentes, significa revisar el marxismo-leninismo y defender el capitalismo. En general, en los países del llamado tercer mundo es la burguesía capitalista quien está en el poder. Esta burguesía explota al país, explota y oprime al pueblo pobre en interés de su propia clase, para asegurarse los mayores beneficios posibles y mantenerlo continuamente en la esclavitud y la miseria.
En muchos países del "tercer mundo", los gobiernos en el poder son gobiernos burgueses, capitalistas, naturalmente con distintos matices políticos; son gobiernos de la clase enemiga del proletariado y del campesinado pobre y oprimido, de la clase enemiga de la revolución y de las luchas de liberación. La burguesía, que es quien detenta el poder en estos países, protege precisamente esa sociedad capitalista que el proletariado, en alianza con las capas pobres del campo y de la ciudad, busca derrotar. Constituye esa clase alta que, en aras de sus mezquinos intereses, está dispuesta, en cualquier momento y ante cualquier contingencia, a entregar al capitalismo extranjero las riquezas del país, del suelo y del subsuelo, a enfeudar la libertad, la independencia y la soberanía de la patria. Esta clase, allí donde está en el poder, se opone a la lucha y a las aspiraciones del proletariado y de sus aliados, las clases y las capas oprimidas.
Muchos de los Estados, que la dirección china engloba en el "tercer mundo", no están en contra del imperialismo norteamericano y del socialimperialismo soviético. Calificar estos Estados de "fuerza motriz principal de la revolución y de la lucha contra el imperialismo", como predica Mao-Tse-tung, es un error tan grande como el Himalaya. También existen otros seudomarxistas, pero por lo menos saben ocultarse y enmascararse tras sus teorías burguesas. Para lo que llaman "segundo mundo", que está dominado por la gran burguesía capitalista, que está dominado por los grandes imperialistas que, al igual que ayer, siguen siendo imperialistas, los revisionistas chinos tienen la misma visión antimarxista que para el "tercer mundo". En los países del llamado "segundo mundo" existe un proletariado grande y poderoso que es explotado hasta la médula, que es oprimido por leyes agobiantes, por el ejército, la policía, los sindicatos, por todas estas armas de la dictadura de la burguesía. Tanto en los países del "tercer mundo" como en los del "segundo mundo", es la clase burguesa capitalista, son las mismas fuerzas sociales las que dominan al proletariado y a los pueblos y las que deben ser destruidas. También en estos últimos la fuerza motriz principal es el proletariado.
En cambio los revisionistas chinos, en los países del "tercer mundo" como en los del "segundo mundo", en los Estados Unidos de América como en la Unión Soviética, desconocen precisamente al proletariado, que representa el gran ejército de la revolución, niegan precisamente la principal fuerza motriz de la sociedad, la fuerza que debe golpear a la burguesía monopolista, a su enemiga de clase y enemiga de oda la revolución mundial.
La teoría de los “tres mundos” de Mao Tsetung niega esta gran realidad y trata con desconsideración al proletariado europeo y de los otros países desarrollados. Es verdad que en las filas del proletariado, ya sea del llamado tercer mundo o del llamado segundo o primero, también hay degeneración, porque la burguesía no se cruza de brazos, combate a su enemigo recurriendo no sólo a las armas y a la opresión, sino también a la política y la ideología, al modo de vida que propaga, etc. Pero el que degenere alguna capa del proletariado, como es el caso de la aristocracia obrera, no significa, que se tenga que renunciar al marxismo-leninismo y negar el papel determinante de la clase obrera en el proceso revolucionario mundial. Los verdaderos comunistas protegen de la degeneración al proletariado de cualquier país y de cualquier "mundo" mediante una correcta educación marxista-leninista y con su actividad revolucionaria cotidiana, y lo movilizan para combatir a sus opresores, sean éstos ingleses o franceses, italianos o alemanes, portugueses o españoles, norteamericanos o japoneses, etc.
También en los Estados Unidos de América, que son la cabeza del imperialismo mundial, existe un proletariado numeroso. Dado que es uno de los países más industrializados del mundo, al mismo tiempo es el país más rico, y así las migajas que concede el capital para engañar al proletariado, aquí son un poco más grandes que en los demás países burgueses. El modo de vida en los Estados Unidos de América ejerce una influencia más grande sobre el proletariado, pero nosotros no podemos desdeñar en lo más mínimo el papel del proletariado norteamericano en la revolución y su contribución a la misma en su propio país. En realidad, también en los Estados Unidos de América existe una opinión que se opone al imperialismo, a las guerras de rapiña, a la opresión de los capitalistas, de los trusts, de los bancos, etc. En este país, incluso en las capas de la pequeña burguesía, se observa una resistencia a la opresión del gran capital.
Negando la lucha de clases, la teoría china de los “tres mundos” niega también la lucha de los pueblos por liberarse de la dominación extranjera, por conquistar los derechos y las libertades democráticas, niega su lucha por el socialismo. Esta teoría contrarrevolucionaria y anticientífica hace cruz y raya de la lucha de los pueblos contra sus enemigos, que son el imperialismo, el socialimperialismo, toda la gran burguesía internacional.
Meter a los pueblos en "tres casillas" y predicar que sólo el "tercer mundo" aspira a liberarse del imperialismo, que sólo él sería "la principal fuerza motriz contra el imperialismo", es un engaño y una desviación flagrante del marxismo-leninismo. Si en el “primer mundo" y en el "segundo mundo" se incluye a los imperialistas y los capitalistas, entonces hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿Dónde se incluye a los pueblos de estos "dos mundos", que luchan, igualmente, por liberarse de los mismos opresores que subyugan también al “tercer mundo”? Los inventores y los partidarios de la división del mundo en tres no están en condiciones de responder a esta pregunta, porque, según su concepto antimarxista y antileninista, funden en un todo único a los imperialistas, a los gobernantes y a los pueblos.
Los marxistas-leninistas no pueden identificar a los pueblos soviéticos con los estafadores antimarxistas, socialimperialistas y nuevos capitalistas que los avasallan. Del mismo modo, tampoco pueden mezclar y confundir al pueblo norteamericano con el imperialismo norteamericano. Si los revolucionarios actuaran como los revisionistas chinos, cometerían un grave error teórico y se opondrían a la revolución, respaldarían precisamente al imperialismo y al socialimperialismo, a las fuerzas del capital, contra las cuales combaten también el proletariado y el pueblo en la propia guarida de sus enemigos.
¿Qué significado tiene el llamamiento chino a que el "tercer mundo" se alíe con el "segundo mundo" para combatir a la mitad del "primer mundo", cuando tal división del mundo confunde la personalidad de los pueblos, que están en lucha con la oligarquía que los oprime, y cuyas aspiraciones y nivel de desarrollo son distintos? De igual modo, el grado de la resistencia y la intensidad de la lucha revolucionaria de los pueblos son diferentes, pero su meta final, el comunismo, es la misma. En estas condiciones, los marxistas-leninistas debemos hacer propaganda y movilizarnos para que, a través de las incesantes luchas de clase contra el imperialismo, el socialimperialismo, el capitalismo y sus ideologías engañosas, alcancemos el objetivo final.
Los revisionistas chinos, no sólo funden en un todo único a los pueblos y los gobernantes de los países capitalistas, sino que además quieren liquidar la personalidad de los países socialistas, cuando predican que también éstas pueden ser incluidos en el “tercer mundo”.
¿Cómo se puede, según afirman los dirigentes chinos, identificar un país socialista con el "tercer mundo", donde existen las clases antagónicas, la opresión y la explotación, y alineado "con los reyes y los príncipes"? Los revisionistas chinos, que califican de socialista a su país, dicen que forman parte del “tercer mundo” para ayudar supuestamente a los pueblos de este "mundo". Se trata de una mentira con la que pretenden encubrir sus fines expansionistas. Para ayudar y respaldar la lucha de los pueblos, un país verdaderamente socialista no necesita dividir el mundo en tres ni integrarse en el "tercer mundo".
Los marxistas-leninistas, guiándonos por criterios de clase, con nuestras posiciones, ayudamos a los pueblos, al proletariado, la democracia, la soberanía y la libertad auténticas, y no al Estado en el que dominan los reyes, los sha y las camarillas reaccionarias. Ayudamos a los pueblos y a los Estados democráticos que quieren liberarse del yugo de las superpotencias, pero remarcamos que para hacerlo debidamente, en el camino correcto y con criterios de clase, hay que combatir también a los reyes y a los monopolios internacionales que están entrelazados con las superpotencias. Los dirigentes chinos pretenden haber solucionado este complejo problema de clase "fundiéndose" en ese imaginario "tercer mundo". Pero es una solución antimarxista. La mayoría de los Estados y los gobiernos del "tercer mundo", opuestamente a lo que pretenden los dirigentes chinos, no están por la lucha contra el “primer mundo”, el imperialismo norteamericano y el socialimperialismo soviético, o contra el “segundo mundo”.
La corriente de los pueblos del mundo avanza hacia la lucha por la liberación, por la revolución, por el socialismo, pero en esta corriente no están englobados los gobiernos de los reyes, de los emires y de las camarillas reaccionarias de la calaña de Mobutu y Pinochet que integran el "tercer mundo", en el que también China se ha autoincluido.
En lo que atañe a los Estados del llamado tercer mundo, la dirección china no hace una distinción de clase de acuerdo con los principios del internacionalismo proletario y los intereses de la revolución mundial. No tiene en cuenta que estos Estados nacionales, que en su mayoría están dirigidos por las capas de la alta burguesía, se encuentran no sólo bajo la influencia del imperialismo norteamericano, sino también del socialimperialismo soviético, y están estrechamente ligados a ellos por muchos hilos.
En estos Estados existen profundas contradicciones internas entre el proletariado y el campesinado pobre y oprimido, por una parte, y la burguesía y todos los esclavizadores, por la otra. La ayuda que un país socialista da a los pueblos de estos Estados, debe ser un gran estímulo para su marcha hacia adelante, para lograr crear un verdadero Estado democrático, sin ensombrecer la perspectiva, la cuestión del triunfo de la revolución proletaria y de la toma del poder por el proletariado. La revolución no se importa, será realizada por el proletariado y el pueblo de cada país. Naturalmente, la toma del poder no es cuestión de un día, sino que, como nos enseña Lenin, se deben crear las condiciones para que, ante cualquier viraje de la historia, el proletariado encabece la lucha para derrocar el poder degenerado de los dictadores y de la burguesía reaccionaria, e implantar el poder del pueblo.
La división que los comunistas hacemos del mundo actual, basándonos en el criterio de clase leninista, no nos impide combatir a las superpotencias y apoyar a todos los pueblos y los Estados que buscan liberarse y que tienen contradicciones con ellas. Albania socialista ha respaldado poderosamente con todo su corazón la lucha de los pueblos de Asia, Africa y América Latina, porque responde a los intereses de los mismos y está dirigida contra el imperialismo y la dominación colonial extranjera. Pero, no enunciar abiertamente los principios y tergiversar el marxismo-leninismo, la ideología y la política del partido del proletariado, como hacen los dirigentes chinos, es antimarxista, es un bluf, es un engaño. El Partido del Trabajo de Albania jamás ha hecho esto ni lo hará, porque sería un crimen imperdonable hacia su pueblo, hacia los otros pueblos, hacia el proletariado internacional y la revolución mundial.
Dividiendo el mundo en tres, el Partido Comunista de China predica de hecho la conciliación de clases. Los verdaderos marxista-leninistas jamás olvidan las enseñanzas de Lenin, que subraya que los oportunistas y los revisionistas hacen lo imposible por atenuar la lucha de clases, por engañar a la clase obrera y a los oprimidos con fórmulas "revolucionarias", vaciando la doctrina marxista-leninista de su contenido revolucionario. Esto es lo que hace la dirección revisionista china,cuando predica la conciliación y la convivencia pacífica de la clase obrera con la burguesía.
Como nos enseñan Engels y Lenin, las contradicciones entre las clases o las fuerzas sociales con intereses fundamentales opuestos, no sólo no pueden ser conciliadas, sino que se van exacerbando incesantemente hasta culminar en conflictos político-sociales. La propia existencia del Estado prueba que los antagonismos de clase son irreconciliables. Por ello, intentar atenuar estos antagonismos de clase, que se observan en los diversos países burgueses y revisionistas del “tercer mundo”, del “segundo” o del “primero”, preconizando la unión carente de principios, significa negar el carácter objetivo de la existencia de las contradicciones, tratar este problema de una manera antimarxista.
Los “teóricos" chinos se esfuerzan por conciliar unas clases que jamás pueden ser conciliadas, lo cual significa que están en posiciones revisionistas, oportunistas. La deformación de la teoría de Marx por parte de los revisionistas chinos se ve claramente cuando consideran a los países que incluyen en el “tercer mundo", como lugares donde reina la paz de clases y a sus Estados como organismos de conciliación de clases.
Aceptar la noción de “tercer mundo", tal como es preconizada por los dirigentes chinos, significa trabajar por crear una opinión que sirva para defender los órganos estatales que necesita la burguesía para reprimir a la clase obrera y a las masas populares. La tesis de la atenuación de la lucha de clases, como decía Lenin cuando atacaba a los revisionistas, legaliza y afirma la opresión. Buscar la unidad en el interior del "tercer mundo", de hecho significa buscar la unidad de la clase oprimida con la clase opresora, es decir, hacer esfuerzos por atenuar los antagonismos entre las masas trabajadoras y la burguesía, entre el pueblo y los opresores extranjeros. Estas prédicas de los revisionistas chinos están en oposición con los intereses de la liberación nacional y social de los pueblos, con sus aspiraciones a la libertad, la independencia y la justicia social.
La mayoría de los Estados, que supuestamente forman el “tercer mundo" o el mundo no alineado", dependen del capital financiero extranjero, que es tan fuerte, tan vasto, que ejerce un peso decisivo en toda la vida de los mismos. Estos Estados no gozan de una independencia plena, por el contrario, dependen de ese gran capital financiero que es quien hace una política y difunde una ideología que justifica la explotación de los pueblos.
La burguesía y el imperialismo hacen grandes esfuerzos por ocultar esta realidad y, cuando son desenmascarados, inventan toda suerte de "teorías" en contra de la independencia y la soberanía de los Estados. Los teóricos burgueses y revisionistas, con el fin de sofocar las aspiraciones de los pueblos a la libertad, la independencia y la soberanía, califican estas aspiraciones de “anacrónicas", dándoles diversas interpretaciones metafísicas y contraponiéndoles la consigna de la “interdependencia mundial", que supuestamente expresa las tendencias de la actual evolución de la sociedad humana, o la consigna de la “soberanía limitada" que pretendidamente expresa los intereses supremos de la llamada comunidad socialista, etc.
La realidad burgués-revisionista marcada por la violación de la libertad, la independencia y la soberanía de las naciones y los Estados, en todas sus formas y en todos los dominios, demuestra la putrefacción del sistema capitalista. Vivimos en una época en que la burguesía, como clase dominante, está perdiendo terreno, mientras que el proletariado mundial se ha convertido en una fuerza colosal y está empeñado en una lucha ininterrumpida y a ultranza para sacudirse el yugo de la clase que le explota. La burguesía, bajo los golpes de los pueblos y de la lucha de clases del proletariado, se ha visto obligada a renunciar de jure al colonialismo y a reconocer formalmente la libertad, la independencia y la soberanía a muchos países que, durante un largo tiempo, había mantenido ocupados y explotados de manera salvaje.
Pero la libertad, la independencia y la soberanía, reconocidas jurídicamente por los Estados capitalistas a sus antiguas colonias, hoy en muchos países se han quedado en el papel, porque siguen dominados bajo nuevas formas por los capitalistas y los imperialistas. Para prolongar su dominación en las ex colonias, estas fuerzas regresivas de nuestra época practican en grandes proporciones los complots y las intrigas, para lo cual encuentran aún terreno abonado en estos países, a fin de dividir y dominara los pueblos, aprovechando su atraso económico, político e ideológico y la falta de organización de las fuerzas revolucionarias.
Al tratar este problema no debe pensarse que, dado que los países ex coloniales aún no han obtenido una independencia y soberanía completas, su lucha ha sido infructuosa. De ninguna manera. La lucha de los pueblos por emancipar sus pequeños países del dictado y la tutela de los grandes, del imperialismo y el socialimperialismo, no debe ser subestimada. Por el contrario, el Partido del Trabajo de Albania y el Estado albanés han apoyado y apoyarán sin reservas esta justa lucha revolucionaria y de liberación, considerándola como una victoria de los pueblos que contribuye a reforzar la independencia política, a liberarse de la dominación colonial y neocolonial. Pero estamos en contra de los teóricos revisionistas que predican que, ahora, toda la lucha revolucionaria debería ser reducida a la lucha por la independencia nacional, por conquistarla y defenderla frente a la agresión de las potencias imperialistas, negando la lucha por la liberación social. Sólo la victoria de esta última asegura al mismo tiempo la libertad, la independencia y la soberanía nacional verdaderas y completas. Estos abogados del régimen explotador "olvidan" que la lucha de clases entre el proletariado y sus aliados, por un lado, y la burguesía del país y sus aliados del exterior, por el otro, prosigue siempre de forma encarnizada y que un día conducirá a ese momento, a esa situación revolucionaria, como dice Lenin, en que la revolución estalla. Las condiciones cada vez más favorables que se crean en el mundo para el amplio desarrollo de las revoluciones antiimperialistas y democráticas y para que estén dirigidas por el proletariado, deben ser aprovechadas para pasar de la lucha por la independencia nacional a una fase más avanzada, a la lucha por el socialismo. Lenin nos enseña que la revolución debe ser llevada hasta el final, liquidando a la burguesía y su poder. Sólo sobre esta base se puede hablar de libertad, independencia y soberanía verdaderas.
Según nuestro concepto marxista-leninista, en una sociedad con clases antagónicas, que está dominada por la clase feudal o la burguesía, el pueblo no puede gozar de libertad y soberanía. La libertad, la independencia y la soberanía tienen un contenido político-social concreto. La libertad y la soberanía verdaderas y plenas son aseguradas en las condiciones de la dictadura del proletariado. Mientras que en aquellos lugares donde el Estado se encuentra en manos de las clases explotadoras, las relaciones económicas y políticas desiguales entre los explotadores y los explotados y entre los países, llevan a la pérdida o a la restricción de la libertad y de la soberanía del pueblo. Por consiguiente, no puede hablarse de una verdadera libertad y soberanía nacional, y mucho menos de soberanía del pueblo, en los países que se encuadran en el "mundo no alineado" o en el tercer mundo". Sólo sobre la base de un análisis científico cimentado en la teoría marxista-leninista se puede definir correctamente qué pueblo es verdaderamente libre y cuál está subyugado, qué Estado es independiente y soberano y cuál es dependiente y oprimido. La teoría marxista-leninista explica claramente quiénes son los opresores y explotadores de los pueblos y qué camino deben seguir éstos para ser libres, independientes y soberanos. Los comunistas albaneses, sólo de esta manera, a la luz del marxismo-leninismo, concebimos la libertad, la independencia y la soberanía de los Estados y de los pueblos.
(1) V. I. Lenin, Obras, ed. albanesa. t. 33, págs. 153-154.
(2) V. l. Lenin, Obras, ed. albanesa, t. 21, pág. 147.


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